Los índices de suicidios van en incremento, lo más bello, la vida, ese regalo de Dios tan menospreciado, pareciera estar en peligro. Este artículo es una invitación a descubrir tu vida como una obra de arte y darle sentido a la existencia en un mundo donde se quiere imponer la muerte y la desesperanza.

Según la Organización Mundial de la Salud –OMS-, cerca de 3000 personas se suicidan cada día en el mundo (lo que equivale a una cada 30 segundos), y otras 60.000 intentan hacerlo pero no lo logran.

Según esta organización, las tasas de suicidio han aumentado un 60% en los últimos 50 años y este incremento ha sido particularmente agudo en países en desarrollo, particularmente entre personas jóvenes.

¿Por qué las personas quieren terminar con si vida?

Según la OMS, uno los factores es la depresión. Ésta afecta a más de 300 millones de personas en el mundo; por tanto, este es uno de los trastornos más comunes que genera ideas suicidas, seguido de la esquizofrenia, demencia y los trastornos bipolares.

Muchas personas deciden acabar con su vida, porque no encuentran una oportunidad para trabajar; esta situación conduce a la angustia por el incremento de los problemas económicos y las propias responsabilidades.

Va en ascenso el “matoneo” o “bullying”, como un factor por el cual niños, niñas y adolescentes atenten contra su vida. Muchas mujeres llegan al suicidio, por causa del denominado trastorno de estrés postraumático (TEPT), consecuencia de violencia bien sea intrafamiliar, de pareja e incluso, laboral. El consumo de alcohol y drogas, es también otro de los factores desencadenantes.

¿El suicidio se puede prevenir?

Sí, absolutamente sí. Si bien es cierto, que cuando se presentan ideas suicidas, es necesario solicitar ayuda a un profesional, aunque no todo se resuelve con el psicólogo o el psiquiatra, sin demeritar el trabajo de estas personas que le prestan un gran servicio al ser humano, también hay numerosos testimonios, en los que se descubre que, cuando una persona cultiva la vida espiritual, tiene menos riesgos en anidar ideas que busquen acabar con la vida.

La espiritualidad, que es diferente a religiosidad, aunque no se excluyen, es la mayor fortaleza con la que puede contar un ser humano. Cuando una persona deja entrar a Dios en su vida, las cosas cambian, el ritmo de la vida comienza a ser diferente. Dejar entrar a Dios es permitir que Él moldee y guíe la existencia cotidiana; dejar entrar a Dios, es comenzar a leer la vida como un don, un regalo, una obra de arte, de la cual soy responsable.

La espiritualidad da autonomía, libertad, coraje, lucha, persistencia, perseverancia y nos aleja de esas arenas movedizas de la baja autoestima, la desconfianza, la desesperanza que agota y ese negativismo que flagela nuestro corazón y de paso atormentamos a los demás; la espiritualidad abre horizontes nuevos, permite razonar, pensar, reflexionar, meditar y decidir lo mejor.

La espiritualidad es un permanente acto creativo, que nos da la posibilidad de superar obstáculos, de admitir que somos débiles y de que necesitamos ayuda en algún momento de nuestro caminar. La espiritualidad no conoce de autosuficiencia, de egoísmo o de mezquindad.

La espiritualidad es el mayor tesoro que puede tener un ser humano.