La enfermedad es quizás, el momento en el que se pone a mayor prueba la fe, la fortaleza y la perseverancia. La enfermedad, es para la Iglesia, ocasión de acompañamiento, de cercanía y de misericordia. Es leer, en cada enfermo, el mismo sufrimiento redentor de Cristo.

El Papa Francisco, en la audiencia de esta semana, al hacer referencia al Apóstol Pedro, afirmó que, “lleno del Espíritu del Señor, pasaba caminando y, sin que él hiciera nada, su sombra se convertía en caricia sanadora, efusión de la ternura del Resucitado que se inclina sobre enfermos y restituye dignidad, vida y salvación”.

En Pedro, afirma el Sumo Pontífice, “Dios manifiesta su cercanía y hace que las llagas de sus hijos se conviertan en lugar teológico de la ternura divina. Así se puede decir que todo en Pedro, incluso su sombra, irradia la vida del Resucitado”.

Finalmente, expresa que, “puesto que el primer apóstol es figura de la Iglesia, su sombra evoca la de la Iglesia, que sobre la tierra pone en pie a sus hijos y los destina a los bienes del Cielo, sin temer obedecer a Dios antes que a los hombres”.