Siguiendo las huellas del libro de los Hechos de los Apóstoles, el Papa Francisco, en su audiencia en la Plaza de san Pedro en Roma, reflexionó acerca de los problemas internos de la naciente comunidad cristiana. Dijo en concreto: “Las diferencias de cultura y sensibilidad fueron caldo de cultivo para la cizaña de la murmuración y los apóstoles respondieron individuando las dificultades y juntos buscando soluciones”.

Es importante anotar, cómo el Sumo Pontífice no se queda en una lectura negativa del hecho de que comenzarán a existir problemas, pues todos los tenemos; su mirada apunta a las soluciones que en común van buscando para salir adelante.

En este proceso, hubo una redistribución de tareas y la aparición de los diáconos representó un refuerzo grande, a tal punto de devolverle la tranquilidad a la comunidad.

Después de haber visto el problema interno, recurrió a los ataques que, de manera externa, también afrontó la comunidad. El Papa afirma con severidad que: “el cáncer diabólico que es la murmuración, nace de la voluntad de destruir la reputación de una persona, agrede al cuerpo eclesial y lo daña gravemente”.

Finalmente, el Papa resaltó la manera como algunos miembros de la comunidad, tuvieron que afrontar el martirio, entre ellos Esteban: El tribunal decretó su muerte y, como otro Cristo, Esteban la afrontó abandonándose en las manos de Jesús y perdonando a sus agresores”.

Una gran enseñanza para nuestra Iglesia en estos tiempos, en que se presentan esas turbulencias del escándalo, e incluso de la división.