Foto tomada de: Aciprensa

“Lo que han recibido gratis denlo también gratuitamente” (Mt 10, 8)

Nacidos en Arabia en el siglo III, los gemelos Cosme y Damián eran llamados en Oriente como “los no cobradores” ya que no recibían pago por las consultas y los remedios dados a sus pacientes, contrario a ello, pedían a la gente un espacio para predicar el Evangelio; por su amor a Cristo entregaron la vida en el martirio.  

Cosme y Damián – que en griego significa “adornado o bien presentado” y “domador”, respectivamente – crecieron en una familia de tradición católica y practicante, estudiaron en Siria y se especializaron en la medicina. Vivían en Aegeae, Cilicia, donde les tenía mucho respeto y cariño por la caridad que mostraban por medio de su labor.

Lisias, quien fuere gobernador de esta región, no estaba contento con lo que realizaban los hermanos y, buscando que renegaran de Dios y de su fe, los mandó torturar con piedras, flechas, fuego y echándolos al mar, donde una ola los devolvió a tierra sanos y salvos; sin obtener el resultado que esperaba, Lisias ordenó que los decapitaran.

Después de su muerte, en el mundo se conoció el testimonio de muchos enfermos que fueron curados tras orar con devoción ante la tumba de los mártires, entre ellos se destaca el emperador Justiniano I. Ya en el siglo V se construyeron en Constantinopla dos iglesias en memoria de Cosme y Damián y actualmente existen templos en su honor en lugares como Costantinopla, Jerusalén, Mesopotamia, Egipto, Grecia, Austria, Alemania y un hospital en Edesa, hoy Turquía.

Se conmemora su fiesta el 26 de septiembre y, junto con San Lucas, son patronos de los médicos y los cirujanos.