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San Vicente de Paúl nació en Pouy al suroeste de Francia el 24 de abril de 1581, creció en una familia humilde siendo el tercero de los seis hijos de Jean de Paul y Bertrande de Moras. Desde pequeño trabajó en el campo ayudando a sus padres como pastor de ovejas y de cerdos, época en la que ya mostraba su gran inteligencia, de la cual su padre se sentía muy orgulloso y lo incentivó a estudiar una carrera eclesiástica.

En efecto, Vicente estudió con los padres franciscanos y, posteriormente, se graduó como filósofo y teólogo en la Universidad de Toulouse e hizo algunos estudios en Zaragoza. En el año 1600 se ordenó como sacerdote con el deseo de ejercer de inmediato y ser el mejor, pero Dios vio su impaciencia y purificó su alma con tres fuertes pruebas. Primero, se encontraba en un viaje por el mar y unos piratas turcos lo tomaron prisionero y esclavo durante tres años; Vicente pudo escapar y regresar a Francia hospedándose en casa de un amigo, allí comenzó su segundo sufrimiento.

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Vicente fue acusado de robarle 400 monedas de plata a su amigo, quien por meses lo acusó de ladrón, pero el santo solo guardaba silencio, luego se descubrió la verdad y tiempo después Vicente les dice a sus discípulos: “Es muy provechoso tener paciencia y saber callar y dejar a Dios que tome nuestra defensa”. La tercera prueba lo lleva a negar su fe, pero ante un crucifijo consagra su vida a la caridad y la ayuda a los más necesitados.

Fundó la Comunidad de Padres Vicentinos y junto a Santa Luisa de Marillac estableció la Comunidad de las Hermanas Vicentinas; hablaba con las familias adineradas de París acerca de la importancia de mirar y ayudar a quienes más lo necesitaban y de esta manera reunía dinero para obras de caridad.

San Vicente de Paúl falleció en París el 27 de septiembre de 1660; en 1705 el Superior de los Padres Vicentinos realizó una solicitud para su canonización y fue apoyado por varios obispos; 24 años después de su muerte, el Papa Benedicto XIII lo beatificó, en 1737 fue canonizado por el Papa Clemente XII y en 1885 fue nombrado patrón de las obras de caridad por el Santo Padre León XIII.