El Santo Padre, en la Basílica Papal, en oración con las santas vísperas, en el comienzo del mes misionero, aprovecho este espacio de fe, para anunciar que octubre será un mes misionero extraordinario.

Con base en el evangelio de san Mateo, capítulo 25, versículo 14, en el que un hombre, antes de su partida, llama a sus empleados para repartir sus bienes, expresó que: “Este Mes misionero extraordinario quiere ser una sacudida que nos impulse a ser activos en el bien. No notarios de la fe y guardianes de la gracia, sino misioneros”.

¿Cómo se hace uno misionero?

El Papa aprovechó esta oportunidad para recordar cómo se hace uno misionero, y el valor inmenso que tiene el serlo: “Se hace uno misionero viviendo como testigo: testimoniando con nuestra vida que conocemos a Jesús. Es la vida la que habla. Testigo es la palabra clave, una palabra que tiene la misma raíz de significado que mártir. Y los mártires son los primeros testigos de la fe: no con palabras, sino con la vida”.

Los pecados contra la misión

El Papa fue enfático al reflexionar sobre los pecados contra la misión que tanto mal pueden causar en el anuncio de la Buena Nueva: “Pecamos de omisión, es decir, contra la misión, cuando, en vez de transmitir la alegría, nos cerramos en un triste victimismo, pensando que ninguno nos ama y nos comprende.

Pecamos contra la misión cuando cedemos a la resignación: “No puedo, no soy capaz”. ¿Pero cómo? ¿Dios te ha dado unos talentos y tú te crees tan pobre que no puedes enriquecer a nadie?

Pecamos contra la misión cuando, quejumbrosos, seguimos diciendo que todo va mal, en el mundo y en la Iglesia. Pecamos contra la misión cuando somos esclavos de los miedos que inmovilizan y nos dejamos paralizar del “siempre se ha hecho así”.

Y pecamos contra la misión cuando vivimos la vida como un peso y no como un don; cuando en el centro estamos nosotros con nuestros problemas, y no nuestros hermanos y hermanas que esperan ser amados.

La misión refleja a una Iglesia en salida

El Papa recordó nuevamente la condición de ser una Iglesia en salida y cómo lo sería desde un compromiso misionero: “Una Iglesia en salida, misionera, es una Iglesia que no pierde el tiempo en llorar por las cosas que no funcionan, por los fieles que ya no tiene, por los valores de antaño que ya no están. Una Iglesia que no busca oasis protegidos para estar tranquila; sino que sólo desea ser sal de la tierra y fermento para el mundo”.

El Espíritu Santo, protagonista de la misión

Recordando el pensamiento del Papa san Juan Pablo II, concluyó con una mensaje que debe quedar grabado en cada corazón: “Si tenemos en la mente el hacer la misión con organizaciones empresariales, con planes de trabajo, no funciona. El protagonista de la misión es el Espíritu Santo. Es el protagonista de la misión. Tú vas con el Espíritu Santo. Ve, el Señor no te dejará solo; dando testimonio, descubrirás que el Espíritu Santo llegó antes de ti para prepararte el camino. Ánimo, hermanos y hermanas; ánimo, Madre Iglesia: ¡Vuelve a encontrar tu fecundidad en la alegría de la misión!”.