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“Soy trigo de Cristo y quiero ser molido por los dientes de las fieras para convertirme en pan sabroso a mi Señor Jesucristo. Animad a las bestias para que sean mi sepulcro, para que no dejen nada de mi cuerpo, para que cuando esté muerto, no sea gravoso a nadie”

San Ignacio de Antioquía

San Ignacio nació en Antioquía, región que hoy se conoce como Turquía, entre los años 30 y 35 d.C., fue escogido por los apóstoles Pedro y Pablo como sucesor de Evodio, ocupando así el lugar de obispo de Antioquía, la tercera ciudad más importante del imperio.

Estuvo 40 años como pastor en esta ciudad, destacándose por ser servicial y noble, siempre les recordaba a sus seguidores que debían vivir por y para Cristo, manteniéndose firmes en la fe. Para la época reinaba el emperador Trajano quien respetaba a los cristianos, pero, tras ganar la guerra, quiso agradecer a sus dioses persiguiendo a todo aquel que no los adorara. Ignacio se negó rotundamente y fue condenado a muerte por desobediencia.

Diálogo entre San Ignacio y Trajano

-“¿Quién eres tú, espíritu malvado, que osas desobedecer mis órdenes e incitas a otros a su perdición?”
-“Nadie llama a Teóforo espíritu malvado”, respondió el santo.
-“¿Quién es Teóforo?
-“El que lleva a Cristo dentro de sí”.
-“¿Quiere eso decir que nosotros no llevamos dentro a los dioses que nos ayudan contra nuestros enemigos?”, preguntó el emperador.
-“Te equivocas cuando llamas dioses a los que no son sino diablos”, replicó Ignacio. “Hay un solo Dios que hizo el cielo y la tierra y todas las cosas; y un solo Jesucristo, en cuyo reino deseo ardientemente ser admitido”.
-“¿Te refieres al que fue crucificado bajo Poncio Pilato?”
-“Sí, a Aquél que con su muerte crucificó el pecado y a su autor, y que proclamó que toda malicia diabólica ha de ser hollada por quienes lo llevan en el corazón”.
-“¿Entonces tú llevas a Cristo dentro de ti?
-“Sí, porque está escrito, viviré con ellos y caminaré con ellos”.

Imagen: infovaticana

San Ignacio fue llevado de Antioquía a Roma donde sería lanzado a las fieras – un castigo muy común de la época, solicitado y disfrutado por los espectadores –. El gran deseo del santo era morir por amor a Cristo, entonces pidió a sus seguidores que no rogaran por su salvación, al contrario, suplicó oración para que su cuerpo fuera completamente destruido.

Muerte y legado

Camino al martirio compartió el mensaje de Dios a muchos cristianos y durante el viaje en barco escribió las actas que dan fe de todo lo ocurrido. Según la historia, San Ignacio llegó el 20 de diciembre del año 107, lo llevaron al anfiteatro donde lo entregaron a los leones.

San Ignacio de Antioquía fue el primero en llamar a la iglesia “católica”, que significa “universal” y destacó en sus cartas la virginidad de la Santísima Virgen María.