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Ninguna ciudad puede resolverse con un museo. El supremo museo es la propia ciudad” Paulo Mendes da Rocha, Arquitecto y Urbanista Brasilero.

Redacción: Laura Ximena Rivas

Cada 6 de agosto, Bogotá se viste de orgullo y honor, pues, desde hace 481 años –próximamente 482 años- ha sido una ciudad acogedora, colmada de historia, cultura y acontecimientos curiosos, que la hacen “La Atenas suramericana”, como bien, hace unas décadas, fue conocida en diferentes lugares del mundo.

¿Bogotá? ¿Bacatá? ¿Santa Fe? ¡No! la ciudad fue bautizada en su etapa inicial como Nuestra Señora de la Esperanza, gracias al conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada, quien pisó por primera vez esta frígida tierra. El nombre Bacatá, que tiene como significado “La dama de los Andes” o “La dama de la montaña que resplandece”, se refiere a Funza, una población vecina, que también hace parte del departamento de Cundinamarca, en donde residía Zipa Tisquesusa, una de las divisiones administrativas más importantes de la confederación muisca.

Simón Bolívar también forma parte fundamental en esta cronología, fue quien modificó el nombre Santa Fe a Bogotá, “al considerar el primero una imposición española y el segundo uno más autóctono” (Chacón, 2019). No obstante, en el año 1991, periodo en el que gobernó Cesar Gaviria, la Constitución Política de Colombia unificó los nombres, el cual pasó a llamarse “Santa Fe de Bogotá”. A pesar de ello, en el 2000, por medio de una reforma constitucional, se suprimió el “Santa Fe” erigiendo como decisión final, lo que hoy conocemos como: Bogotá.

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Una suposición que por años se ha mantenido, pero resulta siendo una falacia histórica, y que se ha mantenido desde hace al menos medio siglo como tema de discusión o debate, es el lugar de fundación de Bogotá.

La plazoleta del Chorro de Quevedo, es la antigua guarnición militar de Jiménez de Quesada, que se construyó mucho antes de la fundación oficial de Bogotá, sin embargo, la capital se materializó para 1538, en la actual localidad de Teusaquillo, anteriormente llamada Thybzacá o Teusacá. El mito se debe a una pila de agua, una capilla de paredes blancas y sus construcciones coloniales que aún se conservan en este destino turístico.