Imagen: Yael Portabales

La iglesia católica celebra 162 años de la primera aparición de la Santísima Virgen a Santa Bernardita Soubirous, ocurrida en Lourdes, Francia, el 11 de febrero de 1858. Las apariciones ocurrieron así:

Bernardita, de tan solo 14 años, caminaba a recoger leña con una de sus hermanas y una amiga. Al llegar a una gruta debían pasar por un pequeño río de agua helada, pero la niña no podía porque desde muy pequeña sufrió de asma; por lo tanto, se quedó a esperar a sus amigas mientras rezaba el Santo Rosario.

En ese momento escuchó un trueno, sobre un rosal vio una señora de rostro dulce y maternal. Bernardita la describió como “una joven de dieciséis o diecisiete años. Viste de blanco con una cinta azul que desciende a lo largo del vestido. Lleva sobre la cabeza un velo igualmente blanco, que apenas deja ver los cabellos y cae hacia atrás hasta debajo de la cinta. Los pies están desnudos, pero cubiertos por los últimos pliegues del vestido, excepto en el extremo, donde brilla sobre cada uno de ellos una rosa de oro. Lleva sobre el brazo un rosario de cuentas blancas, unidas por una cadenita de oro brillante, como el de las dos rosas en los pies”. Así se lo contó a Juan Bautista Estrade, quien lo relata en su libro ‘Le apparizioni di Lourdes’.

Signo de amor en el agua

Nadie creyó en las palabras de Bernardita, sus padres pensaron que estaba poseída; por ello a los tres días, cuando la niña quiso volver a la gruta, le dieron una botella llena de agua bendita.  El 25 de febrero, la señora le pide a la pequeña beber y bañarse en la fuente, pero no existía tal lugar, entonces Bernardita escava con sus manos y del suelo brota agua, que cura a muchos enfermos en la región.

Dos días después la Virgen le dice a la niña que en ese lugar se debe construir una iglesia. Bernardita habla con el párroco, pero el tampoco cree en sus palabras; sin embargo, asiste a las siguientes apariciones, que se detienen el 3 de marzo y ocurren de nuevo el 25 del mismo mes, en la fiesta de la Anunciación. Ese mismo día, la bella señora revela su nombre diciendo “yo soy la Inmaculada Concepción”, palabras que la pequeña no entendía, pero que con obediencia transmitió al padre.

Las últimas apariciones tuvieron lugar el 7 de abril y el 16 de julio, fueron reconocidas en 1862 y se dio inicio a la construcción de la iglesia que la Santísima Virgen había pedido. Actualmente la gruta es visitada por millones de fieles que, en fe, veneran a la Madre de Dios buscando sanación para el cuerpo y el alma.

¡Virgen Madre de Lourdes, que siempre fuiste fiel, danos tu confianza, danos tu fe!