Imagen: La sagrada familia-obra de Juan De Miranda

Francisco animó a vivir acorde a la vida cotidiana pero también acorde al Misterio.

Redacción: @jessika.dayanna.m

En celebración privada en la capilla de Santa Marta, Francisco, en la solemnidad de San José, esposo de María, oró por la Iglesia y, en especial, por los presos y sus familias en tiempos de crisis de salud mundial. Contempló la vida de El Padre adoptivo de Jesús desde su ser adorador.

El Papa, en la Misa de la mañana del jueves 19 de marzo, en el momento central de la homilía, hizo una profunda reflexión desde la vida de San José, dirigida a la Iglesia hoy: Fieles laicos, sacerdotes, consagrados, los papas, con una pregunta: “¿Son capaces de entrar en el misterio? ¿o tienen necesidad de regularse según las preselecciones que los defienden de aquello que no pueden controlar?”

Su meditación la realizó desde José, describiendo su santidad como su capacidad para entrar en un misterio que no podía controlar: “Un hombre capaz de ser hombre, capaz de hablar con Dios, de entrar en el misterio de Dios. Esta ha sido la vida de José, vivir su profesión, su vida de hombre y entrar en el misterio, capaz de hablar tener un dialogo con el misterio de Dios. No era un soñador, entraba en el misterio con la misma naturalidad que desarrollaba su oficio (carpintero) (…) Llevar adelante su vida y oficio con profesionalidad y en su momento, entrar en el misterio”

Explica que el sueño de José fue, justamente, entrar en el misterio. Asimismo, a partir del evangelio, define a José como un hombre justo: “…es decir, un hombre de fe que vivía la fe, un hombre que puede estar en la lista de la gente de fe, aquella gente que ha vivido la fe como fundamento de aquello que espera, como garantía, prueba de lo que no se ve. José tenía fe, por eso era justo no solo porque creía sino porque vivía esta fe.”

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El Sumo Pontífice se refirió a este santo en su día teniendo en cuenta su manera de afrontar lo humano y lo cotidiano con lo divino y mistérico: “Fue elegido este hombre verdadero, para recibir a un hombre que era verdadero hombre y verdadero Dios” y, haciendo referencia a su ejemplo, expresó: “Cuando la iglesia pierde la posibilidad de entrar en el misterio, pierde la capacidad de adorar, la oración de adoración solamente se puede dar cuando se entra en el misterio de Dios.”

Concluyó invitando a unirnos en oración, provocando un riguroso compromiso para anhelar la preciosa gracia del Patrono de la Iglesia Universal: “Roguemos al señor la gracia que la iglesia pueda vivir en la concreción de la vida cotidiana y también en la ‘concreción del misterio’, si no puede hacerlo, será una iglesia a la mitad, será una asociación piadosa, que es llevada adelante por medio de prescripciones, pero sin el sentido de la adoración, Entrar en el misterio no es soñar, es precisamente es adorar. Es hacer hoy aquello que haremos en el futuro, cuando lleguemos a la presencia de Dios: Adorar”. Y al final, invitó a los fieles que siguen la transmisión en vivo a hacer la comunión espiritual.