Los poemas perdidos de san Juan Pablo II

Imagen tomada de Outono

Por Juan Andrés Erazo Guillott

El Papa Juan Pablo ll fue un hombre polifacético. A a lo largo de su vida, desarrolló diversas actividades, sin embargo, una de sus mayores aficiones y quizás, poco conocida, fue la de escribir poesía.

Seis de sus escritos fueron publicados en el año 1958 para la revista polaca “Znak, y que se consideraban perdidos, porque se publicaron con su seudónimo Andrea Jawien. He aquí los poemas:

El obrero de la fábrica de armas

Yo no influyo en el destino del mundo. Yo no declaro guerras.

Pero no sé si estoy contigo o contra ti.

No peco.

Pero esta es mi angustia: que ni peco ni influyo,

que fabrico diminutos tornillos y preparo fragmentos de destrucción,

y no abarco el conjunto ni domino el destino del hombre.

Otras totalidades crearía, por mí, otro destino (¿más cómo?, ¿sin engarces?)

del que yo y los otros seríamos la causa sacrosanta,

que nadie podría cancelar con un gesto

o negar con palabras.

Sé que no es bueno el mundo que fabrico.

Sé que no soy autor de un mundo malo.

Pero, ¿eso basta?

Imagen tomada de Infobae

El obrero de la fábrica de automóviles

Salen de mis manos elegantes modelos. Ya rugen por lejanas carreteras.

Mas yo no corro en ellos sobre el asfalto de calles ignoradas,

no yo –sino su dueño– maneja las palancas.

Desde ahora tienen la palabra los vehículos. A mí me han quitado la voz.

Tengo mi ánimo abierto. Quisiera comprender.

¿Y contra quién combato? ¿Por qué vivo?

He aquí pensamientos más fuertes que palabras.

Y no existe respuesta. No debes proponer estas cuestiones en voz alta.

Limítate, como siempre, a presentarte en la fábrica a las seis de la mañana.

¿Quién te ha dicho que en la balanza del mundo vence el hombre?

Imagen tomada de AlfayOmega.es

Ciegos

Golpeando la tierra con los blancos bastones

creamos un distanciamiento indispensable.

Cuesta fatiga cada paso.

En las vacías pupilas sigue muriendo el mundo,

un mundo que ya no se parece a sí mismo:

un mundo compuesto no ya de colores sino de rumores

(contornos, líneas hechas de susurros).

Piensa con cuánta dificultad se madura y se cambia

y sólo una pequeña parte resta idéntica y hay que apostar por ésta.

Oh, qué a gusto cogería cada uno de nosotros todo el peso

de un hombre que en su blanco bastón resume el mundo.

¿Lograrás enseñarnos que existen otros males además de los nuestros?

¿Sabrás convencernos de que en la ceguera puede estar la felicidad?

Imagen tomada de ABC

Los niños

El amor les madura de improviso y de improviso adultos

cogidos de la mano vagan entre la gente

(cazados como pájaros los corazones, confundidos en el crepúsculo los rostros).

Sé que en sus corazones pulsa el latido de toda la humanidad.

Cogidos de la mano se sientan silenciosos en la orilla.

El tronco de árbol y la tierra iluminada por la luna: arde un triángulo incompleto.

Aún no se han levantado las nieblas. Los corazones infantiles se alzan sobre el río.

¿Seguirá todo así –me pregunto– cuando ellos se vayan?

O, tal vez, al contrario, el cáliz de la luz derramada en las plantas

descubra en cada una otro color inédito.

¿Conseguiréis no corromper lo que en vosotros nace?

¿Distinguiréis siempre el bien y el mal?

Imagen tomada de AlfayOmega.es

Actor

¡Tanta gente ha crecido en torno a mí, a través de mí y en mí!

Me he convertido en el cauce de un río por el que corre una inundación

llamada ‘hombre’

Mas también yo soy hombre

y, ¿no me habrá también a mí desviado esa inundación de multitud?

Si en cada hombre me he realizado a medias (permaneciendo siempre demasiado mío),

¿puede aquel yo que de mí sobrevive contemplarse sin alarma?

La muchacha que perdió su amor

A veces el sufrimiento del corazón se mide con el mercurio de un termómetro

lo mismo que el calor del aire o de los cuerpos

y, sin embargo, hay que descubrir su distinta grandeza.

Pero tú eres excesivamente el sostén de tus cosas.

Si, al menos, descubrieras que tú no las sostienes

y que El que las sustenta

tampoco encuentra amor…

Si llegaras a entender

para qué sirve el corazón humano…

La temperatura del universo es el corazón humano, el mercurio.