Café sostenible, la apuesta del pueblo indígena pijao, en Colombia

Imagen boletín de prensa Chaparral, Tolima

Por Luis Daniel Londoño. prensa@emisoramariana.org

Fuente: boletín de prensa oficial. Chaparral (Tolima). Laura Calderón.

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Sin duda alguna que, debido al fenómeno de la pandemia y a diferentes factores sociales, en particular los derivados del conflicto, Colombia está atravesando por una gran crisis.

No obstante, algunas regiones han demostrado que están por encima de las circunstancias y, con la fuerza de ese espíritu resiliente, que caracteriza a los colombianos, encontramos experiencias en que las comunidades indígenas, en particular las mujeres, han comenzado procesos de empoderamiento, traducidos en creatividad, competitividad, producción y compromiso.

Este es el caso del sur del Tolima, en Colombia, donde “un grupo de 77 pequeños productores indígenas, en su mayoría mujeres rurales, intervienen 116 hectáreas para la producción del grano de la paz mediante buenas prácticas agrícolas y con el apoyo de Colombia Sostenible”, concretamente en “el corregimiento de las Hermosas y La Marina, donde 77 pequeños productores de los cabildos indígenas Cimarrona Alta y Granja Ambeima trabajan en la producción de café sostenible liderados por la Corporación Colombia Internacional (CCI) en calidad de ejecutor.

Este es uno de los 65 proyectos que actualmente cofinancia el Programa Colombia Sostenible adscrito al Fondo Colombia en Paz en municipios con Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), como aporte a la reactivación económica en zonas afectadas por la violencia y la pobreza”.

Un plus que marca la diferencia en esta apuesta por el café sostenible, por ese grano de la paz, es el ambiental: “A través de la firma de Acuerdos Cero Deforestación, los beneficiarios trabajan en la conservación de más de 64 hectáreas de bosques, estimando la captura de 1,3 toneladas de carbono por hectárea por año de acuerdo con las proyecciones.

En esta iniciativa, el programa invierte $323 millones que se complementan con una contrapartida de las comunidades -en dinero o en especie- por 215 millones.

Este proyecto traerá grandes beneficios para la región y será de gran motivación para que, en otras regiones, que también han sufrido el flagelo de la violencia y la pobreza, sigan estas prácticas que, sin duda alguna, le bajarán intensidad al conflicto y podrán contribuir al desarrollo sostenible.