En clave de mujer (4): La desbordante violencia sexual contra la mujer

Por Luis Daniel Londoño. prensa@emisoramariana.org

Bienvenido a esta nueva entrega de la serie “En clave de mujer”. Una producción de Emisora Mariana.

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Para recordar

En la primera entrega se hizo énfasis en los prejuicios que se deben superar al abordar el tema de violencia de género; en la segunda, se expusieron algunos tipos de violencia de género y que aún prevalecen en las diferentes sociedades; en la tercera se analizaron los aspectos que enmarcan la violencia psicológica de género, quizás la más voraz, debido a esa sutil invisibilidad que la caracteriza; en esta cuarta entrega, se expondrá la desbordante violencia sexual en la que la mujer ha llevado la peor parte, sobre todo, en el ámbito familiar. El escenario de la violencia sexual contra la mujer en lo social, lo cultural y lo político será objeto de otra entrega.

Y ¿Qué es violencia sexual de género?

Antes cabe recordar que según la ONU mujeres “La violencia contra las mujeres y las niñas se define como todo acto de violencia basado en el género que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o mental para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

La violencia sexual basada en el género es desbordante. La cultura patriarcal, que aún impera en nuestra sociedad, concibe a la mujer como la que “tiene una obligación sexual con su cónyuge” y la que le debe guardar fidelidad.

El hombre es, ese “macho alfa”, al que se le debe obedecer y cumplir, así la mujer no esté en condiciones de satisfacer a su macho en un determinado momento. El hombre “mujeriego es admirado” a la mujer que se fije en otro, fuera de su marido o compañero sentimental, se le cataloga de prostituta, por utilizar un término común, porque bien se sabe que los calificativos son otros.

La perspectiva católica

Desde una perspectiva católica, se pregona la “igualdad fundamental” entre el hombre y la mujer. Cada uno es único e irrepetible, a cada uno se le debe respetar en su esencial dignidad. La individualidad y ese carácter diferenciador, definen una relación armoniosa de género. Entre ambos debe existir un respeto total.

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Todo se ha permeado

La cultura patriarcal no sólo se impone con esta eterna desigualdad y de dominio sexual, sino que todo está permeado por su voraz prevalencia en escenarios como el cine, la música, la televisión y en general, toda la publicidad y lo público, ahora con más fuerza en las redes sociales, cuyos contenidos tienden a exacerbar el morbo y la manipulación de la figura femenina, confundiéndola con los parámetros de un natural erotismo y una artística sensualidad.

Cambio de conceptos

De un concepto positivo y bello de la sexualidad, como una condición propia de la naturaleza humana, se ha impuesto una genitalidad absurda, degradante, vulgar, desvinculándola del debido respeto por el otro y, por tanto, ridiculizada y que deja profundos vacíos existenciales y, sobre todo, atentando contra la propia dignidad humana. Los eventos de abuso y acoso sexual contra la mujer están a la carta del día en muchos hogares.

Construir un proyecto de género

La construcción de un proyecto de género, de pareja, debe partir de la riqueza sin igual que cada uno tiene y los sueños que se desean alcanzar, libre de imposiciones, de dominio y de todo lo que degrade la misma condición humana. El crecimiento mutuo deber ser real y total.