El protagonismo misionero de la radio católica (Primera entrega)

Imagen: fachada de Emisora Mariana de Bogotá- 63 años

Luis Daniel Londoño Silva. prensa@emisoramariana.org

Misión es acompañamiento, encuentro, inculturación, diversidad y empatía. La misión es el corazón de la radio.

El Papa Francisco, afirma: “Necesitamos medios de comunicación capaces de construir puentes, defender la vida y abatir los muros visibles e invisibles, que impiden el diálogo sincero y la comunicación verdadera entre personas y comunidades”.

Es importante recordar que en la Iglesia no existen medios ni grandes ni pequeños, todos son igualmente importantes, en este sentido el Sumo Pontífice afirma: “Los medios de comunicación pueden ser grandes o pequeños, pero en la Iglesia estas no son categorías importantes. En la Iglesia, todos hemos sido bautizados en un único Espíritu y hechos miembros de un solo cuerpo (cfr. 1 Cor 12:13). Como en todo cuerpo, a menudo son los miembros más pequeños los que, al final, son los más necesarios. Lo mismo sucede en el cuerpo de Cristo. Cada uno de nosotros, dondequiera que nos encontremos, está llamado a contribuir, mediante la profesión de la verdad en el amor, al crecimiento de la Iglesia hasta su plena madurez en Cristo (cfr. Ef 4:15)”.

Este preámbulo nos invita a tener en cuenta algunos aspectos relevantes, para que la radio católica asuma su responsabilidad misionera.

1.      Pasar de una radio religiosa a una radio evangelizadora: el gran reto

La radio católica podrá ser protagonista en la medida en que pase de las simples formas religiosas a una radio evangelizadora.  Las formas pueden, en cierta manera, evocar, pero jamás serán objeto de evangelización.

El camino más fácil para una radio católica, es quedarse enredada en una exacerbada piedad poco sugerente, en las formas, en una religiosidad que anula la creatividad y, sobre todo, que ahoga la fuerza del Espíritu.  

La radio misionera es aquella capaz de partir del evangelio para entrar en diálogo con el mundo, la cultura, el ser humano e impregnar sus audiencias del encanto de Dios y ayudar a forjar los valores del reino.  

El gran reto radica en quitarle a la radio católica ese rótulo casi indeleble de simple devocionalidad, para forjar una radio que provoque el seguimiento de Jesús y no sólo una “bonita compañía”, sin desconocer, por supuesto, que la radio ejerce un ministerio de acompañamiento, aunque el cuestionamiento de fondo radica en preguntarse: ¿Cómo acompaña y para qué lo hace? ¿El enfoque de sus contenidos propicia esa compañía? ¿Hace lo que todo medio hace o marca la diferencia?

La radio evangelizadora y misionera arriesga, es crítica y genera audiencias maduras en la fe.

Imagen tomada de Vatican News

2. Pasar del túnel de las redes sociales, como referentes engañosos, a la conquista del mundo digital

Las redes sociales no son lo mismo que el mundo digital, aunque formen parte de él. Las simples redes sociales, como la religiosidad, sesgan una comprensión abierta del mundo y de sus retos en la tarea misionera.   

Esta perspectiva debe ayudar a superar la ansiedad, el estrés y los espejismos de los “me gusta”, de cuánto “alcance se obtuvo” o “cuantos comentarios”, para aprovechar un mundo digital libre de contaminación y como un escenario posible de presencia misionera y de evangelización. Además, hay que superar la atomización del mensaje, para pasar a hacer un anuncio integral.

La clave está en proponer buenos contenidos, sin sacrificarlos, con base en criterios de evaluación que, para el anuncio misionero, son engañosos y termina imponiéndose la famosa dictadura de las estadísticas. Algo realmente fatal en la tarea misionera. La redes deben estar el servicio de la radio y no lo contrario.

Los que hacen radio católica, en este nuevo escenario, son misioneros digitales que anuncian los valores del evangelio con nuevos criterios y marcando la diferencia.

Este mensaje del Papa Francisco puede ayudar a profundizar la reflexión: “Un verdadero comunicador se dedica completamente al bien de los demás en todos los niveles, desde la vida de cada persona a la vida de toda la familia humana. No podemos comunicar verdaderamente si no nos involucramos personalmente, si no podemos testimoniar personalmente la verdad del mensaje que transmitimos. Toda comunicación tiene su fuente última en la vida de Dios Uno y Trino, que comparte con nosotros las riquezas de su vida divina y, a su vez, nos pide que, unidos en el servicio a su Verdad, comuniquemos ese tesoro a los demás”.

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